Cómo conseguir estar bien nutrido en América Latina

16/Ene/2007

El pasado 4 de febrero, la portavoz de la ONU Myrta Kaulard informó en rueda de prensa de cuál era el único país de América Latina donde no existe desnutrición. Sólo lo he visto publicado en la agencia Prensa Latina y en medios alternativos. La razón es muy sencilla, ese país era Cuba.

Según la portavoz de la ONU, sólo el dos por ciento de los niños cubanos menores de cinco años tiene algún déficit nutricional, y es debido mayormente a malos hábitos alimentarios, manifestó la experta.

Comentó también que Cuba es fuente de asistencia técnica y donante de alimentos, en especial azúcar, para naciones con mayores dificultades.

En ese sentido, señaló que desde 1996, la Isla ha donado varios miles de toneladas del producto, que han sido distribuidas por el Programa Mundial de Alimentos de la ONU a países como República Dominicana, Jamaica, Honduras, Haití, entre otros.

Paradójicamente, la única nación de América Latina donde no existe desnutrición es también el único país que condenan en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra. Y no sólo eso, es también el único que no recibe ayudas ni préstamos de las instituciones internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que, afirman, tiene como objetivo colaborar en el desarrollo de los países.

Pero Cuba es también el único país de América Latina con quien la Unión Europea no tiene un acuerdo de cooperación al desarrollo.

También es el único que no tiene relaciones comerciales con Estados Unidos y muy limitadas las políticas puesto que no tienen embajadas mutuas.

Y, por último, recuerdo que Cuba es el único país socialista de América Latina.

La conclusión es, a mi entender, bastante clara. Para que los ciudadanos de un país de ese continente estén bien alimentados, se debe no “disfrutar” de las bondades del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, tampoco de la cooperación de la Unión Europea, no tener acuerdos comerciales con Estados Unidos y pocos políticos, y ser socialista. Y asumir, claro está, que no lo reconocerá ningún medio de comunicación y que te condenarán en la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra.