De espaldas al mundo

En EEUU el interés por la información internacional no deja de disminuir, un fenómeno que puede estar sucediendo también en España. Ese es el primer paso para poder manipular a la opinión pública. No debemos olvidar que para los que viven en sus países las consecuencias de las decisiones de nuestros gobiernos, los ciudadanos somos corresponsables.

15/Feb/2007

Un informe publicado en enero por la Universidad de Harvard revela que la cifra de corresponsales de prensa que EEUU tiene en el extranjero ha pasado de 188 en 2002 a 141 en 2006.


Y es que, según un estudio sobre hábitos en el consumo de información realizado por el Centro de Periodismo Cívico Pew, con sede en Washington, señala que el porcentaje de estadounidenses que dicen seguir las noticias internacionales "muy de cerca" cayó al 17% en 2006, frente al 24% en 2004. Medios como "The Boston Globe" anunció hace quince días que cerrará todas sus delegaciones en el extranjero para concentrarse en temas locales.

Es evidente que esa situación facilita la manipulación de una opinión pública ignorante de los acontecimientos globales, lo cual nos permite comprender que los ciudadanos estadounidenses no sepan calibrar tragedias directamente relacionadas con la política exterior de su gobierno como la de Iraq. Y no digamos en otros países más alejados de la agenda informativa como la República Democrática del Congo, Pakistán o Senegal.

Basta recordar que el 51 % de los estadounidenses creía poco antes de la invasión de Iraq que Sadam Husein había participado "personalmente" en los atentados del 11-S contra EEUU, según un sondeo de la cadena de televisión CNN y el periódico "USA Today" de marzo de 2003. Y meses después de empezada la guerra todavía quedaba quien creía que existían armas de destrucción masiva en el país árabe.

De todos es conocido también la incapacidad de esos ciudadanos y de los estudiantes para localizar en un mapa países como Afganistán o Iraq.

La falta de conocimiento internacional de la sociedad norteamericana les llevó a exteriorizar esa pregunta de “por qué nos odian”, en referencia a las agresiones que su país estaba sufriendo por parte de tantos grupos armados.

La siguiente deducción que nos podemos plantear es qué valor tiene un sistema político si su ciudadanía no tiene la información necesaria de la política exterior de su gobierno. Por otro lado, no deja de forma parte de un modelo de pensamiento egoísta estar interesado sólo por las cuestiones cercanas e ignorar las coyunturas internacionales, más todavía si nuestros gobiernos tienen importantes responsabilidades en esas situaciones.

Mucho me temo que los españoles no están teniendo una evolución muy diferente a la estadounidense en cuanto a falta de interés por la comunidad internacional, lo que provoca que nos desentendamos de las responsabilidades de nuestro gobierno en política exterior, algo muy grave tratándose de la octava potencia económica mundial.

Un ejemplo de esa preocupante ignorancia es una encuesta del Real Instituto Elcano del pasado mes de diciembre. En ella se observa que el 60 de los encuestados apoyaba la presencia de tropas de las Fuerzas Armadas españolas en misiones en el extranjero, pero un 75% de esos mismos encuestados no sabe o no contesta a la pregunta de dónde hay tropas de nuestro país trabajando en esas misiones. Y de los que afirman conocerlo, un 14,7% cree todavía que hay militares españoles en Iraq e, incluso, un 7,1% opina que en Irán, país en el que no hay ningún tipo de presencia militar internacional en estos momentos.

Las personas que sufran o disfruten, según se vea, la presencia de nuestras tropas en su país, considerarán, con razón, que los españoles somos responsables de las acciones de esos contingentes, lo cual es razonable en un sistema democrático. Lo que nos convierte a cada uno de nosotros, con absoluto fundamento, en aliados o enemigos para unos o para otros, puesto que con nuestro voto y nuestro dinero se está interviniendo militarmente en su país. Y es que la elección de nuestro gobierno nos hace corresponsables de la política exterior de éste.

Pretender despreocuparnos para centrarnos en nuestra vida cotidiana es de una bajeza moral que no nos debemos permitir si no queremos que algún día, como los estadounidenses, nos veamos preguntándonos por qué nos odian.