En dos mil caracteres

El Tratado de Lisboa: Los ciudadanos, un “escollo” al que evitan “exponerse” los gobiernos europeos

En la madrugada del viernes parece que se pusieron de acuerdo los gobernantes europeos en los términos de un nuevo Tratado que sustituirá a la non nata Constitución Europea rechazada por Francia y Holanda en referéndum.

22/Oct/2007

En la madrugada del viernes parece que se pusieron de acuerdo los gobernantes europeos en los términos de un nuevo Tratado que sustituirá a la non nata Constitución Europea rechazada por Francia y Holanda en referéndum.

Después de consultar tres periódicos sólo he logrado saber las negociaciones referentes al poder y peso político que tendrá cada país en los órganos europeos, pero nada sobre propuestas políticas del modelo de Europa que se prevé. Quizás ni se trató eso, y la cuestión sólo consistía en el reparto de poder. La negociación y la noticia del acuerdo se produce ante la absoluta indeferencia de los ciudadanos que hace tiempo que ni se consideran parte activa ni democrática del proyecto. En dos de los periódicos consultados, Público y El País, he comprobado en su ranking de Internet que de las diez noticias más leídas, más valoradas y enviadas del día por los lectores, ninguna era referente al acuerdo europeo.

El intento de los dirigentes por hacer ininteligible el laberinto institucional europeo les lleva a crear tres órganos absolutamente diferentes llamados cada uno Consejo Europeo, Consejo de Europa y Consejo de la Unión Europea.

Lo siguiente que resulta espectacular es que la principal angustia de los gobernantes es evitar a toda costa referéndums nacionales que puedan poner objeciones a lo negociado. En El Mundo se afirma que “Ningún Gobierno desea exponerse a los referendos” y en El País señalan que “la posible convocatoria de un referéndum para su ratificación en el Reino Unido se presenta ahora como el nuevo escollo más serio”. Es evidente que en nuestra Unión Europa la opinión de los ciudadanos es un “escollo” y un elemento al que no desean exponerse.

El único papel que les queda a los europeos es manifestarse durante la cumbre como hicieron 300.000 trabajadores portugueses en Lisboa.