Foto: Una ambulancia entra a la sede IFEMA, donde la Comunidad de Madrid ha montado un hospital de campaña. / Efe

Los ERTE y empleados públicos

En tiempos de pandemia toca replantear muchas cosas en todos los ámbitos. Desde nuestro sistema de consumo, a nuestro sistema de ocio, de producción y la política laboral. También el eterno conflicto entre público y privado donde, se vuelva a mostrar la importancia del sector público. Se habla mucho del impacto de la pandemia en el sector económico privado y, con especial preocupación, como es lógico, en los trabajadores. Cierres de empresa, ERTE, ceses de actividad, despidos, todo un catálogo de opciones preocupantes con las que se enfrentarán a la situación. ¿Pero qué pasa con los empleados públicos durante el estado de alarma y el confinamiento obligado?

18/Abr/2020

En tiempos de pandemia toca replantear muchas cosas en todos los ámbitos. Desde nuestro sistema de consumo, a nuestro sistema de ocio, de producción y la política laboral. También el eterno conflicto entre público y privado donde, se vuelva a mostrar la importancia del sector público. Se habla mucho del impacto de la pandemia en el sector económico privado y, con especial preocupación, como es lógico, en los trabajadores. Cierres de empresa, ERTE, ceses de actividad, despidos, todo un catálogo de opciones preocupantes con las que se enfrentarán a la situación. ¿Pero qué pasa con los empleados públicos durante el estado de alarma y el confinamiento obligado? A grandes rasgos hay tres posibilidades: los que siguen trabajando en sectores esenciales, los que teletrabajan desde su casa y los que, por la naturaleza de su trabajo o la ausencia de logística necesaria, se ven obligados a confinarse en sus viviendas sin teletrabajo posible.

Estos últimos serían el perfil habitual de un ERTE si estuvieran en el sector privado: su contratador no puede ejercer la actividad, el trabajador no puede trabajar ni desarrollarla a distancia y la empresa suspende el pago del salario y de las cotizaciones, las cuales son asumidas por el estado en los términos remunerados que la ley establece, con el compromiso de que será readmitido en las mismas condiciones unas vez pueda retomar su puesto de trabajo.

 

Sin embargo, no sucede así con los empleados públicos, todos ellos siguen cobrando sus nóminas con normalidad, quizás se les suspenda algún complemento, supongo, pero sin mayores cambios. Todo esto sucede sin diferenciar mucho los tres casos anteriormente señalados. Por un lado hay trabajadores sanitarios de baja escala trabajando al máximo con salarios mileuristas, desde celadores a médicos residentes que han pasado a trabajar de médicos adjuntos por 900 euros y que, incluso, han perdido el pago extra de las guardias, a enfermeras que cobran una media de 3,5 euros la hora y que no se sabe si cobrarán las horas extras que están haciendo. Otros trabajadores, como hemos señalado antes, profesores principalmente, están ejerciendo su trabajo como pueden por vía telemática con sus alumnos. Sin embargo, hay una cantidad de empleados públicos, miles con seguridad, que es imposible que estén realizando trabajo alguno desde sus casas.

 

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