Menos buenismo y más leyes

Una de las estrategias reaccionarias consiste en hacernos a todos igualmente responsables de las tragedias e incluso, en el colmo del cinismo, hacernos ver que está en la mano de todos paliarlas. Está sucediendo mucho con la cuestión medioambiental, desde el problema de la invasión de plásticos a los incendios de la selva amazónica.

03/Oct/2019

Una de las estrategias reaccionarias consiste en hacernos a todos igualmente responsables de las tragedias e incluso, en el colmo del cinismo, hacernos ver que está en la mano de todos paliarlas. Está sucediendo mucho con la cuestión medioambiental, desde el problema de la invasión de plásticos a los incendios de la selva amazónica. Desde las redes se nos bombardea con el buenismo de que todos debemos colaborar no consumiendo plásticos en el primer caso y no comiendo carne en el segundo, porque al parecer la ganadería está detrás de esos incendios.

Al mismo tiempo, empresas que, con razón, deberían ser objetivo de críticas por su comportamiento medioambiental acaban promoviendo anuncios ecologistas. Encontramos anuncios en televisión de una cervecera que distribuye miles de envases de vidrio apuntándose a la denuncia del plástico. Y una hidroeléctrica que altera la naturaleza con sus presas, embalses y centrales nucleares pidiéndome que deje de comer carne.

La jugada es magistral, primero nos hacen responsables a todos por igual de las catástrofes medioambientales y, a continuación, los supermercados que envasan absurdamente los productos se convierten en ecologistas cobrándonos las bolsas, las empresas de bebidas que siembran de vidrio el planeta se vuelven muy sensibles con el plástico y las que anegan pueblos y cultivos con sus embalses nos ruegan que no comamos carne por el bien del planeta.

No, no contamina el planeta por igual la industria química que arroja sus desechos al río que el niño que arroja un chicle. Y tampoco quemamos el Amazonas igual yo comiendo pollo que el maderero que deforesta una reserva indígena con el beneplácito de Bolsonaro.

Además, apelar a buenismos, conciencias y voluntades es una falacia si de verdad se quiere resolver un problema. No pedimos voluntariamente que se paguen impuestos, que no se fume en el hospital o que no dejes escombros en la calle. La opción no es que yo no consuma plástico si el resto de mis vecinos lo sigue derrochando, que no coma pollo mientras mi jefe cena chuletones o que lleve mi propia bolsa de la compra no desechable si el resto de mis amigos no lo hace. Las verdaderas acciones colectivas que sean necesarias se deben imponer por los poderes públicos si de verdad se quiere que sean efectivas. De otra forma sus campañas son meras coartadas para ocultar a los verdaderos responsables de las tropelías medioambientales detrás de culpabilidades de todos y para presentarse algunas empresas con conciencia social abanderadas de nuestros bienestar.

Por supuesto que hay comportamientos individuales que son nocivos para el planeta, basta con aprobar y aplicar legislaciones que no los permitan. Pero entonces algunos ya no se podrían poner la medalla de concienciadores sociales y quizás también sea más peligroso porque entonces las medidas serían para todos y no solo para los cándidos.