Reseña de Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo, de Pascual Serrano

Nada es como nos lo cuentan

¿Necesitamos nuestros dioses para vivir en libertad? Referente a los medios de comunicación masiva así lo ha visto Pascual Serrano. No es preciso buscar otras fuentes alternativas de información para acercarnos a una realidad medianamente fiable porque los medios comerciales desinforman, velan la realidad.

03/Dic/2009


¿Necesitamos  nuestros dioses para vivir en libertad? Referente a los medios de comunicación masiva así lo ha visto Pascual Serrano. No es preciso buscar otras fuentes alternativas de información para acercarnos a una realidad medianamente fiable porque los medios comerciales desinforman, velan la realidad.

Esta es la tesis dominante de un voluminoso libro de más de 600 páginas. Tras un minucioso análisis de los acontecimientos más relevantes de los últimos años, se puede llegar con Pascual Serrano a la conclusión de que nada fue de lo que nos contaron o al menos tal y como nos lo contaron. Y no se agota esta tesis en la invasión de Iraq o en las delirantes ensoñaciones en torno al 11 M. Con mirada incisiva y crítica, el autor va desentrañando el funcionamiento que mueve a los grandes medios de comunicación de masas para conformar la opinión pública a sus intereses en todos los temas que tocan.

Este libro, -catálogo exhaustivo de hechos, datos, ejemplos- tiene tres partes bien marcadas: Una descripción de la técnica de la desinformación (de la que vamos a presentar algunos rasgos), una película de cómo se cumple esa fórmula en los distintos contextos y continentes (sólo haremos un recuento de sus grandes capítulos), y, finalmente, una propuesta práctica de técnicas y hábitos de lectura para conseguir una información resistente a la manipulación y más cercana a la realidad.

1. Los medios desinforman. La primera parte de este libro crítico y bien informado se centra en el desarrollo de la tesis general: los medios desinforman. Desinforman porque están al servicio de unos intereses muy concretos y, por lo tanto, no son libres. Esta práctica aparece bien clara en la cita que encabeza esta sección, un fragmento del diálogo entre Alicia y Humpty Dumpty, tomada del famoso libro de Lwis Carrol, Alicia en el país de las maravillas:

- Cuando digo una palabra –dijo Humpty Dumpty-, ésta quiere decir lo que quiero que diga, ni más ni menos.

- La pregunta es –insistió Alicia- si se puede hacer que las palabras puedan decir tantas cosas diferentes.

- La pregunta –dijo Humpty Dumpty-, es saber quién es el que manda… eso es todo.

“El que manda” impone unos criterios que no son otra cosa que la censura que impone el poder, que en democracia, contra la forma brusca de los totalitarismos, es por acumulación de noticias. Hay una inflación que lo domina todo. Pasa como con la alimentación (Ramonet, p. 14): desde la penuria se pasó a la acumulación, pero con transgénicos y pesticidas, claro. La censura, además, está maquillada por la manipulación. La prensa misma es la censura del poder. “El capitalista y el editor son los nuevos tiranos que se han apoderado del mundo” (Chesterton, p.15). Convertida la información en mercancía, ahora se rige por las leyes del mercado. (p 23). Hasta la misma prensa gratuita aumenta la dependencia del mercado por la publicidad (p. 21).Y el poder de estos medios-censura-mercancía, apoyado en la instantaneidad que facilita la nueva técnica ha cambiado la profesión del periodista y está vaciando de contenido la democracia.

No se llega al fondo de las cosas. Los asuntos que se tratan –elegidos según la línea ideológica del medio- nunca aparecen con las verdaderas causas sociales que los provocaron: “La información se presenta descontextualizada… se ofrecen unas cifras, pero se callan otras. Se presentan determinados hechos y no se presentan los motivos” (V. Romano, p. 44). Lo que se consigue es estar informados de todo, sin enterarse de nada.

Esto genera dos tipos de ciudadanos: el que consume sin más crítica y el que sabe comprender las claves del mundo. Entre estos segundos unos la utilizan para aprovecharse ellos mismos y otros para vivir con la impotencia de ver que su mensaje no llega a la ciudadanía. W. Lippmann clasifica también dos tipos de ciudadanos según las funciones que representan: Los informados que toman las decisiones ejecutivas y los desinformados que forman parte de ese rebaño espectador, que no sabe bien lo que está pasando y que, delegada su responsabilidad ciudadana en los primeros, se vuelve a su butaca de espectador (p. 593).

2. Micropelícula de la desinformación. Con la excepción del capítulo dedicado a EE.UU. -por aquello de que “quien manda manda” y de que el criterio principal del periodismo occidental está en si la información o el Estado en cuestión es amigo/enemigo de Washington-, la micropelícula se desarrolla por continentes. “Desde ahora en adelante nadie podrá decir que no sabía… Pascual Serrano establece de modo definitivo la prueba del ADN de que los medios desinforman” (Ramonet, p. 11).

Las primeras escenas de la película se ruedan en Europa que “no conoce lo que pasa en casa”: se mitifican y ocultan las deficiencias de la Unión en todos los ámbitos, pero es más llamativo en casos tan polémicos como la Constitución Europea, el Tratado de Lisboa o el Proceso de Bolonia. Luego se traslada a América Latina, “¡Que viene el populismo!” desde el acoso a Venezuela y la conjura contra Cuba hasta las caricias a la Colombia de Uribe. Las escenas de Asia están enfocadas particularmente en el doble rasero que domina la agenda de la “guerra contra el terrorismo” (el eje del mal y los defensores de la libertad): el islam, los musulmanes y los árabes; el desequilibrio palestino-israelí; Iraq, Afganistán, Líbano y la gran amenaza China. La clave de estas escenas asiáticas está modulada sobre el apoyo a la invasión y el silencio sobre la resistencia. En África, no podría ser otra la óptica, se mira como “el Gran olvidado”. La clave que arropa todas estas escenas africanas es el silencio: Ante el genocidio del Congo y Rwanda, ante la invasión de Somalia, los olvidados del Sáhara, la explosión de odio étnico en Kenia, etc.

3. Pero cada día crece más la “sospecha ciudadana” de que los grandes medios nos están ocultando la realidad y manipulan la verdad. El derecho a recibir información veraz está amparado por los Derechos Humanos (art. 20) y la Constitución española. Consecuentemente está creciendo exponencialmente desde la llegada de internet la presencia de medios alternativos que disienten de los medios de masas y propugnan una información más libre y real. Cada día se hace más necesaria en este campo de la información la convicción expresada en los Foros Mundiales de Porto Alegre: ¡Otra información es posible!

Necesitamos dotarnos de algunas técnicas y hábitos de lectura que garanticen la naturalidad de la información. Y aquí es donde P. Serrano se muestra realmente pródigo en propuestas. Desde las preguntas que nos debemos hacer ante la presencia de cualquier medio, sea audiovisual o gráfico (p. 559), pasando por la sospecha ante los grandes medios y las satanización que hacen de lugares, países y personas, hasta las formas de protesta y de participación (p. 582).

Un libro de indudable interés para ir por la vida con los ojos bien abiertos. Como dirá acertadamente el autor: “No es objeto de este libro convencer al lector de poseer la verdad, sino de intentar que no se la conceda a nadie, y menos a esos medios que están acabando con la capacidad de crítica y de análisis del individuo” (p.596).

Serrano, Pascual. "Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo". Península, 2009.