Presentación-Introducción del libro La cruz en las aulas

Este libro, La cruz en las aulas, explica la presencia de la Iglesia en el sistema educativo, cómo sucede violentando la legislación española y el sentir de la mayoría de los ciudadanos, y cómo cuenta con la connivencia de los diferentes gobiernos que se han sucedido desde la dictadura franquista.

18/Jun/2015

 

Existen pocos países en el mundo donde la Iglesia católica haya sido tan relevante en el desarrollo de su historia. España es uno de ellos, o quizá el principal. En nombre de esa Iglesia, España coloniza América, quema en la hoguera a personas, se enfrenta a los musulmanes y judíos, da un golpe de Estado contra el gobierno democrático de la II República, gobierna durante 40 años… Sin duda, es una trayectoria poco honorable; sin embargo, aun con una Constitución que establece la laicidad del Estado, la Iglesia católica sigue con una abrumadora presencia y poder en todas las instituciones y la sociedad en general. Este libro, La cruz en las aulas, se encarga de explicar cómo es esa presencia en el sistema educativo, cómo sucede violentando la legislación española y el sentir de la mayoría de los ciudadanos, y cómo cuenta con la connivencia de los diferentes gobiernos que se han sucedido desde la dictadura franquista.

La Iglesia católica oficial nunca se caracterizó en España por ponerse al lado de la voluntad popular, de los más desfavorecidos, ni siquiera de los derechos humanos. Nuestro libro recuerda que el mismo día que Franco proclamaba la victoria sobre la legítima II República, el papa Pío XII le felicitaba de esta forma: «levantamos nuestro corazón al Señor y agradecemos la deseada victoria católica en España». Y tanto que tienen razones para agradecerlo; en 1953 se firmaba entre el Vaticano y Franco el denominado concordato por el cual se reafirma el catolicismo obligatorio de la enseñanza española, tanto universitaria como no universitaria. El acuerdo (por cierto, todavía no derogado en 2015) formaliza el poder que el clero católico ejercía sobre la enseñanza. De modo que, durante 37 años, no solo «controló» la escuela estatal, sino que, además, dispuso de todos los apoyos necesarios para desarrollar una amplia red de centros privados católicos que competía, ventajosamente, con la escuela de titularidad pública.

Lo más grave es que, tras la muerte de Franco, al inicio de 1979, se firmaron unos acuerdos concordatarios entre el Estado español y la Santa Sede que mantuvieron muchos de los privilegios del Concordato franquista de 1953 en la enseñanza y de la cultura, en los servicios sociales y en la sanidad, en las fuerzas armadas, en materia tributaria, económica, jurídica, simbólica y política, y así hasta hoy.

De modo que, como nuestro autor señala, la Iglesia termina recibiendo del Estado unos 11.000 millones de euros al año. Por ejemplo, en lo que a educación se refiere, los salarios y seguridad social de las personas designadas por los obispados (o responsables de otras confesiones) para impartir religión en los centros escolares los asume la administración educativa, es decir, el Estado, bien las CCAA o el Estado central. Este montante para salarios y gastos sociales del colectivo, que representa un ejército de proselitismo integrado por 20.000 personas, designadas por los obispados en el conjunto del Estado, para los centros de titularidad pública y privados concertados, supone unos 600 millones de euros al año.

Pero quizá sea más bochornoso el mecanismo de financiación de los colegios privados católicos a través de conciertos. Los distintos gobiernos se escudan en acuerdos con el Vaticano o atención a supuestos derechos ciudadanos a recibir educación en un colegio católico. Nuestro autor nos trae una sentencia del Tribunal Constitucional que recuerda que «el derecho a la educación gratuita en la enseñanza básica no comprende el derecho a la gratuidad educativa en cualesquiera centros privados, porque los recursos públicos no han de acudir, incondicionadamente, allá donde vayan las preferencias individuales».

Y por si esto no fuera suficiente, tenemos los símbolos religiosos (se estima que en un tercio de los colegios públicos), los belenes, los profesores de religión que participan en el claustro o imparten clases de otras asignaturas, las visitas al colegio del obispo o del párroco, festividades religiosas, desfiles procesionales, ofrendas de flores marianas, cantos religiosos… Y todo ello en un país cuya carta magna lo declara laico.

Como siempre intentamos hacer en nuestra colección A Fondo, hemos ido a buscar a la persona que más sabe sobre el tema elegido. Se trata de Francisco Delgado, que fue presidente de la Confederación Española de AMPAS (CEAPA) y durante 15 años miembro del Consejo Escolar del Estado. Autor de diversas publicaciones, entre ellas La escuela pública amenazada (Editorial Popular, 1997), Hacia la escuela laica (Laberinto, 2005) y Evanescencia de la escuela pública (Milrazones, 2013). En la actualidad, preside la asociación Europa Laica. Sin duda, es el autor idóneo para desvelarnos hasta dónde llega la religión en nuestros colegios, la ilegalidad de esta situación y la connivencia e intereses de todos los gobiernos hasta ahora para mantenerla.

 

 

El libro La cruz en las aulas, de Francisco Delgado Ruiz, se ha publicado en la colección A Fondo, dirigida por Pascual Serrano, en la editorial Akal. Este es el texto de presentación que se incluye en el libro.