Verdades como puños

“Educación para la ciudadanía. Democracia, capitalismo y Estado de derecho”, de Carlos Fernández Liria, Luis Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero

Los hermanos Carlos y Pedro Fernández Liria y Luis Alegre se dedican a explicarnos en su sentido más original, términos tan vapuleados por la demagogia como la ciudadanía, la libertad, el derecho, la Ilustración, la democracia y el capitalismo.

12/Dic/2007

 

Muchos pensarán que a buenas horas llego yo a comentar este libro después de todo lo que se ha dicho y polemizado sobre él. Pero es que soy de los que piensan que los libros hay que proponerlos, sugerirlos, criticarlos y, por supuesto, leerlos por encima de las coyunturas de su presencia en los medios. Es triste que también la agenda de la prensa, defina nuestras lecturas como lo hace con nuestros temas de discusión.

Por otro lado, terminar de leer esta obra ahora, me ha permitido ubicar con precisión los asuntos o afirmaciones que han provocado muchas de las críticas. 

Lo primero que observo es que este libro no necesariamente se debía haber titulado “Educación para la ciudadanía”. Podría llamarse “Verdades como puños” o “Ya era hora que alguien dijera esto” o “Pues bien claro que está” y, si fuese un castizo, lo titularía “Con un par de c… “. 

Los hermanos Carlos y Pedro Fernández Liria y Luis Alegre se dedican a explicarnos en su sentido más original, términos tan vapuleados por la demagogia como la ciudadanía, la libertad, el derecho, la Ilustración, la democracia y el capitalismo. Porque si algo estaba claro, es que escuchar hoy a muchos políticos, analistas e intelectuales, era el mejor modo de lograr que se perdiese el verdadero sentido de esos términos. Basta ver cómo llaman “liberalizar” a poder comprar algo cuando tienes dinero, “democratizar” a lo que está sucediendo en Iraq y Afganistán, y “ciudadano” a eso que no puede ser un africano que viene en patera a Europa. Todo ese discurso es lo que ellos denominan la “ilusión de la ciudadanía”

Lo asombroso es que un libro que tiene como columna vertebral la defensa de la ley, el derecho y la democracia, pueda ser tan subversivo en su contenido. Lo cual demuestra que el orden mental que se subvierte en sus páginas –es decir, el predominante en nuestros países- no está tan en consonancia con la ley, el derecho y la democracia. Pero la gran genialidad es explicar como nadie, el modo por el que el capitalismo ha desplazado al rey o al dios como centro de poder y dominio de la sociedad para poner al mercado, el capitalismo. Si con el rey y el dios, los hombres eran objeto de servidumbres, engaños y abusos, con el mercado, el ciudadano ya sólo es fuerza de trabajo, es libre para todo, pero no puede hacer nada porque ha perdido todas las atribuciones para desarrollarse o sobrevivir para convertirse sólo en mano de obra: “el proletariado es lo que queda de la ciudadanía bajo las condiciones capitalistas de producción”. En el capitalismo, el individuo/ciudadano/proletario necesita dinero para todo, y ese dinero sólo lo puede conseguir subastándose como mano de obra al propietario de medios de producción. “Ahora son enteramente libres, pero ya no para vivir en una sociedad, sino para desenvolverse en un mercado en el que no dan de comer más que a cambio de dinero”. La conclusión es obvia, el sistema capitalista es incompatible con el concepto ilustrado de ciudadanía y con la democracia.

Otra de las grandes aportaciones de este libro, ya contemplada en la obra anterior de los mismos autores “Comprender Venezuela, pensar la democracia”, es la argumentación y demostración de que no existe un solo ejemplo histórico “de victoria electoral anticapitalista que no haya sido seguida de un golpe de Estado o de una interrupción violenta del orden democrático, ni un solo ejemplo en el que se haya demostrado que los comunistas tenían, por tanto, derecho a ganar las elecciones”. Por tanto, no estamos en condiciones de valorar cómo se lleva el socialismo con la democracia puesto que cuando se han encontrado se les ha dado un golpe de Estado que le ha arrancado del poder con toda brutalidad. De esta manera, el comunismo no ha podido hacer otra cosa en la historia que gestionar la guerra, un comunismo de guerra, es decir, o Allende muerto o Castro vivo. En condiciones de guerra el socialismo “sólo puede recurrir a la militarización del trabajo, la reeducación cultural y la militancia política. No hay libertades civiles en tiempos de guerra. Ni bajo condiciones capitalistas, ni bajo condiciones comunistas”.

De modo que en el capitalismo no se cumple el principio democrático de que los ciudadanos puedan cambiar incluso las leyes que afecten al capitalismo, por la sencilla razón de que el capitalismo -y los poderes que se encargan de defenderlo- está por encima de la democracia y de la voluntad popular. De ahí que el orden democrático de nuestras sociedades es eso que existe entre intentos históricos de querer cambiar el modelo capitalista y que se interrumpe cuando peligra ese modelo.  

Nuestros autores tienen también sus críticas para la tradición intelectual de la izquierda. Una es por haber renegado de la democracia parlamentaria y la división de poderes considerándolo sólo una debilidad burguesa, cuando sólo desde el parlamentarismo y el estado de derecho puede surgir la democracia, lo que la izquierda debía haber realizado históricamente era denunciar que en el sistema capitalista eso era una farsa y no dejarle que se apropiara de la exclusividad del discurso ilustrado para prostituirlo. El otro error de la izquierda es su constante profecía de la búsqueda del “hombre nuevo”, no hay otro hombre que el fruto de las ideas de la Ilustración, es decir el que disfruta sus derechos civiles y posee seguridad jurídica, el mismo que nunca ha podido existir por los constantes embistes del capitalismo a sangre y fuego contra cualquier proyecto que tocará los pilares de la economía.

La conclusión de este último análisis es inevitable, no sólo la humanidad no ha podido comprobar si el comunismo es una opción compatible con la democracia, es que el hecho de que esa situación no se haya vivido es la prueba de que la humanidad nunca vivió en el Estado de derecho necesario para poder tomar esa decisión libremente. Vivimos en lo que los autores denominan, la “ilusión de la democracia”, por la cual las personas pueden reunirse, asociarse, expresarse y votar para continuar dejando todo como está, pero no podemos hacer todo eso si es para cambiar radicalmente la situación. Y es esta última opción la que confirma que se vive en un Estado de derecho, no la primera.

Lo más espectacular de todo después de leer el libro es pararse a pensar en los fundamentos y argumentos de la derecha que tanto lo ha criticado. Según ellos, el libro es un panfleto porque dice que los habitantes de las islas Canarias se hicieron heroinómanos y tiraban los plátanos, y también afirma que los gitanos son unos parásitos y, para colmo, defiende a Cuba. De forma que no sabría decir cuál ha sido el gran valor de este libro, si mostrar la genialidad de los autores o demostrar la estupidez de sus críticos.

Carlos Fernández Liria, Pedro Fernández Liria, Luis Alegre Zahonero. Ilustrado por Miguel Brieva. “Educación para la ciudadanía. Democracia, capitalismo y Estado de derecho”. Editorial Akal. Madrid 2007. www.akal.com