El reciente conflicto laboral de los trabajadores del canal de televisión Intereconomía, junto con el cierre de RTVV, y el reconocimiento de los trabajadores de esta cadena autonómica de que manipularon y silenciaron voces como las de las víctimas del accidente del metro de Valencia, ha abierto un debate sobre la deontología de los periodistas y el grado de defensa que merecen estos trabajadores. Políticos y militantes de izquierda, bajo la inercia habitual de alinearse con todos los asalariados, no han dudado en expresar su solidaridad con todos ellos. En el caso de la televisión valenciana, sumándose a la denuncia de los trabajadores por el cierre, y sobre Intereconomía, en defensa de los derechos laborales y también contra el posible cierre.
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La primera vez que vi a Eusebio Leal fue en octubre de 2003 en ciudad de México. Se inauguraba el primer Encuentro en Defensa de la Humanidad e iban siempre juntos Eusebio Leal y el escritor y periodista Lisandro Otero, tristemente fallecido cinco años después. Dos gigantes de la intelectualidad cubana que se movían por el Polyforum Cultural Siqueiros con la discreción de sus sobrios trajes, su conversación serena y su amabilidad exquisita. Todo ello pura cubanidad. Fue entonces la primera vez que escuché hablar a Eusebio Leal, era la perfecta combinación de erudición, amenidad y humildad. Tres cualidades que hasta entonces nunca pude imaginar que fueran compatibles.
En su libro Ébano, dedicado a África, el periodista polaco Ryszard Kapuściński cuenta la historia de un barrio a varios kilómetros de la localidad nigeriana de Onitsha, donde en mitad de la carretera hay un tremendo socavón en el que los vehículos terminan engullidos.