Si la llegada de internet ha supuesto la eliminación de todas la barreras para publicar, la irrupción de las redes sociales ha supuesto el fin del oligopolio de los medios. Incluso el concepto de medio de comunicación ha desaparecido, las informaciones ya no forman parte de un bloque ofrecido por un medio, sino que se accede a ellas de un modo individualizado sin pasar por portada alguna. Ya muchos directivos de medios reconocen que su página de inicio en el navegador no es la portada de ningún medio sino Twitter. Estas dos cuestiones, acceso libre a la publicación y difusión viral de los contenidos a través de las redes en lugar de mediante la portada del medio nos han llevado a pensar que la comunicación es más democrática y más igualitaria. Sin embargo, este nuevo panorama contiene trampas que vuelven, una vez más, de dividir a la ciudadanía entre informados y desinformados.
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Acontecimientos complejos como los que se están desarrollando en Haití ahora requieren conocer la historia y antecedentes para poder ser comprendidos. Esperar que los grandes medios nos tengan informados de la realidad, precedentes, contexto y claves de interpretación hace tiempo que debe estar descartado. Por ello, libros como éste del médico Paul Farmer, “Haití para qué” resultan necesarios a quienes nos seguimos resistiendo a considerarnos informados simplemente por escuchar las noticias de los grandes medios.
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