Foto: El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, el pasado miércoles en el Congreso. / Efe
El pasado 17 de febrero el vicepresidente Pablo Iglesias intervino en el Congreso durante poco más de doce minutos para hablar del poder mediático y su papel determinante en la democracia.
En realidad Iglesias no descubrió nada nuevo, no aportó ninguna información que no supiéramos, no ofreció ningún dato novedoso, no argumentó algo que no se haya dicho y escrito muchas veces. Sin embargo, sí hay algo excepcional en lo que sucedió, sí que resultó emocionante, sí que nos encontramos ante una intervención fuera de lo común, muy alejada de lo habitual. Y porque tuvo el valor de, desde el cargo más alto de un país hasta ahora, en el lugar más legítimo y valioso de la democracia (el Parlamento), decir lo que nadie había dicho.
Ya comenzó advirtiéndolo en su discurso: “No es habitual que se debata en el Congreso cual es el papel de los medios de comunicación en las sociedades democráticas, es un tema tabú, síntoma de una carencia de nuestra democracia”, vino a señalar. Claro que no es habitual, los políticos se dedican a criticar a los otros políticos, a defender posiciones y propuestas a favor de los sectores sociales con los que se identifican, pero nunca a denunciar a los actores que tienen el poder para decidir qué mensaje y qué imagen de ti va a llegar a los ciudadanos.
Una noticia de El País el pasado 22 de septiembre sobre una demanda penal del gobierno iraní contra España muestra la hipocresía de nuestro gobierno en lo referente a la libertad de expresión y, una vez más, la supeditación de sus decisiones políticas a las directrices de Estados Unidos.
Andan los ambientes periodísticos y políticos de todo el mundo, y de España en especial, muy alterados por el escándalo Murdoch, su espionaje telefónico, sus connivencias con políticos y sus chanchullos financieros.
Durante años llevamos escuchando las burlas y descalificaciones hacia determinados comportamientos o estilos del presidente venezolano Hugo Chávez. Vamos a hacer el ejercicio de imaginar las reacciones de los medios de comunicación y líderes políticos y de opinión occidentales en caso de que el venezolano hubiese tenido alguno de los siguientes comportamientos.
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