Página personal del Periodista Y Escritor Pascual Serrano

“Antonio Llidó, un sacerdote revolucionario”, de Mario Amorós

Para que una historia o un acontecimiento pasado siga vivo en las nuevas generaciones hacen falta que confluyan tres condiciones. Primera, que la historia, por su trascendencia o su ejemplo, sea merecedora de no desaparecer en el olvido; en segundo lugar que haya estudiosos y profesionales dispuestos a investigarla, a sacarla a la luz de forma rigurosa y detallada y, como última condición, que eso se produzca en una sociedad o un contexto que siga apostando por defender su memoria y los valores que en ella hayan podido descubrir.

En el libro “Antonio Llidó, un sacerdote revolucionario” se dan esos tres elementos. Una trayectoria merecedora de seguir viva para convertirse en ejemplo de vida, de lucha y coherencia, la historia de Antonio Llidó; un historiador dispuesto a investigar los detalles de esa vida y las causas que le motivaron a su lucha, Mario Amorós; y una lucha y un pueblo, en Chile y en su Javea natal, que no ha dejado de reivindicar la memoria y la justicia para Antonio Llidó.

Este sacerdote valenciano es el único religioso detenido desaparecido de los seis asesinados por la dictadura de Augusto Pinochet. Llegó a Chile y muy pronto se comprometió con los grupos más sencillos y humildes que luchaban para salir de la pobreza. Antonio Llidó apoyó al gobierno de Salvador Allende y participó en la construcción del socialismo como sacerdote obrero, dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y miembro de Cristianos por el Socialismo. Después del golpe de Estado, decidió permanecer en el país y lucho junto con sus compañeros en la resistencia clandestina. Detenido el 1 de octubre de 1974 por la policía secreta de Pinochet, la temible DINA, fue víctima de brutales torturas. Su humanidad dio aliento a otros prisioneros, tal y como relatan en las páginas de este libro los supervivientes. Desde hace 33 años sus familiares y amigos intentan esclarecer los últimos días de su vida y esperan que los responsables de su detención, tortura y desaparición, procesados hoy en Chile, sean condenados.

Mario Amorós, con este ya cuarto libro, profundiza en lo que se denomina la historia desde abajo. Algunos periodistas hacemos periodismo “desde abajo”, eso no es difícil, sólo hay que querer hacerlo, basta con recoger las posiciones y testimonios de la gente sencilla. Pero hacer historia desde abajo es mucho más difícil porque las bibliotecas, las enciclopedias, las investigaciones, los medios de comunicación están repletos de la historia “de arriba”, es decir, de los vencedores, los poderosos. Por eso, recoger la información histórica de los silenciados por las academias de vencedores, además de ser un acto loable de justicia, es un trabajo titánico porque hasta el último detalle se convierte en la búsqueda de lo inédito y escondido. Amorós logra con su trabajo darle nombre, cara, humanidad en una palabra, a la historia que habitualmente se presenta con cifras y fechas. Para ello cuenta con los testimonios de 49 personas entrevistadas, noventa cartas de Llidó, así como documentos políticos hasta ahora desconocidos e inéditos, además de un gran trabajo de inmersión en las mil páginas del proceso judicial abierto contra Augusto Pinochet por la desaparición de Antonio Llidó. Todo ello convertido en un libro dotado del ágil estilo que le da ser también periodista a Mario Amorós.

La historia de Antonio Llidó no es sólo un trabajo de investigación, es un acto de justicia, lo que convierte al libro en doblemente meritorio. Me ha emocionado cómo hay tantos elementos en esa trayectoria con los que uno logra sentirse cercano. Desde el hecho de que mientras Antonio estaba en el seminario de Moncada yo estuviera naciendo en Benimamet, a muy poca distancia, hasta ese cristianismo de combate con los pobres que se hizo carne -utilizando la terminología católica- en Antonio Llidó, en monseñor Romero, en Manuel Pérez o en Camilo Torres. Yo, que no soy creyente, descubrí ese compromiso de los sacerdotes en El Salvador y desde entonces quedé conmocionado. Su fe les daba una fuerza, una coherencia y un espíritu de sacrificio que los laicos difícilmente podemos conseguir, tal y como vi en El Salvador durante la guerra y comprobé varios años después ya en la paz. En mi segundo viaje a ese país, me encontré con que muchos de los líderes populares y guerrilleros del FMLN se habían acomodado en sus nuevos cargos alejados de la pobreza, en cambio, los sacerdotes, seguían en el mismo sitio, al lado de los pobres, con la misma lucha. Trabajo que contrasta con la complicidad muchas veces frecuente de la alta jerarquía eclesiástica con dictaduras como la chilena, la argentina y la española. Complicidad que continúa hoy en vigor como lo demuestran las negativas que ha recibido Mario Amorós para conocer los archivos referentes al sacerdote Llidó de la Conferencia Episcopal Español y el Arzobispado de Valencia.   

Cualquier persona a la que le interese la historia de Chile, la noble causa de los cristianos comprometidos con los pueblos, la justicia, encontrará en este libro un testimonio de vida que, ante tanto terror de una dictadura, nos hace recuperar la esperanza en el ser humano, ese que fue Antonio Llidó.

Mario Amorós. “Antonio Llidó, un sacerdote revolucionario”. Universidad de Valencia. http://puv.uv.es

 
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