Parece que hay movimientos estratégicos electorales en la izquierda.
Movimiento Sumar, IU, Comuns y Más Madrid convocan este sábado un acto con el que buscan relanzar su alianza política. La idea es escenificar su compromiso de concurrir bajo una misma candidatura en las próximas elecciones generales, abierta a otras fuerzas progresistas y a la participación de la sociedad civil.
Compromís ha confirmado que contará con delegación propia en el encuentro, pero Chunta Aragonesista y Més per Mallorca, que compartieron candidatura el 23J y grupo parlamentario con estas fuerzas, han decidido no acudir y, por tanto, se desmarcan del acto.
Mientras tanto, el miércoles, el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, y el portavoz adjunto de Más Madrid en la Asamblea, Emilio Delgado, organizan una charla para discutir el futuro de la izquierda. Allí estarán Movimiento Sumar, Más Madrid, Compromís y Comuns, mientras que Podemos e IU lo descartan.
Conscientes del rédito electoral que da la unidad a la hora de aplicar las matemáticas de nuestro sistema electoral, y lo plausible del discurso de esa unidad ante la sociedad, todos quieren mostrar que son partidarios de una plataforma lo más amplia posible y no aparecer como los responsables de que fracase.
Todo esto también se aplica, lógicamente, a Izquierda Unida. Sin embargo, hay elementos de fricción entre los grupos convocantes. Uno es el habitual y lógico, el programa o las propuestas electorales, el otro es más novedoso en los últimos años, la implantación territorial. Desautorizados y defraudados por los partidos políticos tradicionales, el electorado ha vuelto la mirada al terruño, y las candidaturas regionales despiertan ahora más atractivo, especialmente entre la izquierda.
Son ya muchas autonomías donde las candidaturas regionales progresistas son hegemónicas entre la izquierda, lo que, en caso de coalición electoral se abre un dilema importante para Izquierda Unida.
Ese dilema, como se pudo ver en la última convocatoria electoral con Sumar, se resolvió con la inmolación de IU en autonomías como Cataluña, País Valenciano y Madrid. Se aceptó con toda la representación institucional quedaba para Comuns, Compromís y Más Madrid.
De este modo, la coalición electoral consistía en neutralizar e inmolar a organizaciones en lugar de unir fuerzas. Si en la elaboración de las listas electorales, hay partidos como IU que no tienen opción de sacar ningún diputado porque todos corresponden a un partido hegemónico, eso no es unidad de la izquierda, eso es pedirle a los otros, de facto, que no se presenten.
Sucedió y puede que se vuelva a plantear en Madrid, Valencia o Cataluña, autonomías, al menos las dos primeras, donde la presencia de IU siempre fue importante, y lo sigue siendo organizativamente, y se le está condenando a dejar de tener presencia en las instituciones.
Pero también hay diferencias ideológicas importantes. Algunos de los líderes de esas izquierdas han celebrado que hubiera una cumbre de la OTAN en Madrid, han calificado de dictaduras a Venezuela, votan a favor de ayuda militar a Ucrania para mantener esa guerra, apoyaron la administración Biden en Estados Unidos porque la consideraban de izquierdas, no denunciaron la prohibición de medios de comunicación rusos en Europa o están a favor de legalizar la prostitución. Es decir, posiciones que, a la sombra del mítico eslogan anguitista de “programa, programa, programa”, no compartimos.
Por supuesto se entiende que los acuerdos con partidos suponen concesiones, pero, insisto, aquí el acuerdo consistía en renunciar a la presencia de IU en esas instituciones en la medida en que no había lugar para nosotros en las candidaturas de esas provincias.
Pienso entonces en todos nuestros militantes en Madrid, Valencia o Cataluña. Organizan actividades, movilizaciones, debaten documentos, elaboran propuestas y programas, pero nunca podrán acceder a las instituciones, porque no se presentan. Los acuerdos y negociaciones se basan en todo el poder institucional para esa izquierda regional. ¿Cuál es la diferencia con no presentarse y pedir el voto para los otros? Ninguna.
Por eso debemos pensar seriamente qué aceptamos cuando decimos unidad de la izquierda. Es necesario negociar, hacer concesiones, pero inmolarse y desaparecer es algo muy diferente.