Página personal del Periodista Y Escritor Pascual Serrano

“¿Cuándo vamos a reunirnos de nuevo para seguir discutiendo de esto?”

Quienes pensaran que el líder cubano Fidel Castro no está en plenas facultades mentales, en el encuentro que tuvo el pasado 15 de febrero con medio centenar de invitados nacionales e internacionales de la Feria del Libro de La Habana pudieron comprobar su equivocación. 

En una de las salas del Palacio de Convenciones y bajo la moderación del ministro de Cultura Abel Prieto, durante cinco horas compartió inquietudes, reflexiones, recuerdos y propuestas de trabajo. Pero, sobre todo, Fidel Castro escuchó, y escuchó como pocos líderes políticos suelen hacer, algo que siempre lo caracterizó. “No le decimos al pueblo cree, le decimos lee”, fue uno de sus primeros comentarios, ya histórico en su modo de interpretar la cultura.

Como primera muestra del carácter abierto del encuentro, y tras presentar el Ministro a cada uno de los asistentes, el líder cubano invitó a los asistentes a proponer temas e inquietudes, lo que, tratándose de invitados con larga, profunda y diferente trayectoria, suponía una peligrosa audacia intelectual.

Tras una primera docena de intervenciones, Fidel retó con su primera pregunta: “¿cuál es el problema principal en este momento?”. Su ya conocida preocupación por el futuro del planeta ante las amenazas nucleares y depredadoras del ser humano es compartida con los asistentes: “Hay un problema que desplaza a los demás: la supervivencia de nuestra especie y del planeta”. Una preocupación que precisa afirmando “soy optimista, si creyese que el mundo no tiene solución, no trabajaría para afrontar esta discusión. Nuestra especie está en peligro de extinción, y debemos hacer los esfuerzos para que esto no ocurra. Quiero conocer la opinión de ustedes, ya los científicos hablaron y crearon las armas nucleares”, afirmó para después exponer, como es habitual en él, la evidencia de las cifras: “El poder de las armas nucleares existentes hoy es 450 mil veces el de la bomba atómica de Hiroshima, el mayor acto de terrorismo que se ha provocado jamás. Nos dicen que debemos ser optimistas porque la reducción de armamento nuclear plantea el objetivo de que existan “solo” cuatro mil 500 armas nucleares, pero bastarían cien para acabar con el planeta (…). Hay que empezar a salvar la humanidad ya, nuestra especie se ha encontrado con problemas nuevos y no ha aprendido a sobrevivir”.

Fidel Castro recordó que en la Cumbre de Río, en junio de 1992, ya lo advirtió ante los líderes políticos mundiales, y recibió la respuesta de los poderosos de que se ocuparían de ello “en los próximos siglos”. Y aquí recordó el papel de EE.UU., afirmó leer con mucho interés el libro de Obama Los sueños de mi padre, junto con otro del economista Premio Nobel Paul Krugman, quien ya advierte de la gravedad de la situación. 

El líder cubano analizó el proceso de toma de control de la economía mundial por parte de Estados Unidos cuando terminaron con el patrón oro para el comercio mundial tras la Segunda Guerra Mundial para sustituirlo por el dólar. “Han comprado el mundo con papel afirmó con rotundidad, y todos los desordenes provocados por su economía tienen sus consecuencias, lo dicen los economistas capitalistas (en referencia a Krugman) no los marxistas”.

A continuación pasó a hablar de la crisis alimentaria, pero antes, con su habitual humildad, pidió a los asistentes que si se aburrían, lo dijeran. Mediante su conocido sistema de exponer recortes de prensa leyó un artículo donde se afirmaba que esta crisis está en el origen de las rebeliones del mundo árabe de las últimas semanas, y advirtió del cambio climático y de los agrocombustibles como origen de futuras subidas del precio de los alimentos en el mercado mundial.

Informó que, según se hizo público en el reciente Foro Social Mundial celebrado en Dakar, las multinacionales habían comprado 40 millones de hectáreas. “Como nadie quiere ahora tener dinero en los bancos, compran tierras para no cultivarlas”, afirmó. En lo referente al efecto invernadero, informó que el calor y la sequía de Rusia habían provocado que se duplicara el precio del trigo, y vaticinó catástrofes muchos peores. En conclusión, “el fin de la especie puede ser cuestión de un siglo, de décadas, o antes si hay una guerra porque la situación puede provocar una tremenda crisis”.  El panorama, en su opinión, tiene otro agravante: “Me da tristeza cuando veo que a los jóvenes no les preocupa. No estamos educando bien a la gente, veo en la televisión cómo se mezcla la tontería con el anuncio comercial. Tienen enajenada a la gente. Tenemos el deber de informar bien ante una situación como esta que viene”.

No fueron los temas medioambientales y alimentarios los únicos que se plantearon a lo largo de la reunión. El propio Fidel abordó las rebeliones de Túnez, Egipto y otros países árabes como Argelia, Yemen o Marruecos y enfrentó los análisis de la gran prensa que pretende establecer paralelismos entre ellas y Cuba. Paralelismo desmontado por el testimonio de uno de los invitados, el escritor Santiago Alba, recién llegado de Túnez donde vive desde hace 12 años: “En las manifestaciones populares que han llenado las calles, solo había dos banderas, la de Túnez y las del Che Guevara, y  si les preguntaba a los manifestantes su opinión sobre dos líderes mundiales a los que admiraran respondían que Hugo Chávez y Fidel Castro”.

No faltaron los comentarios de humor en las palabras de Fidel Castro, en especial cuando se hablaba de EE.UU. y de los cubanos anticastristas que han escalado en altos puestos de la administración estadounidense: “Si yo fuera enemigo del pueblo estadounidense, me alegraría de que tuvieran a un cubano de esos como presidente de EE.UU. porque hundiría rápidamente al imperio”. La historia de las tropelías norteamericanas ocupó un lugar importante en su discurso, recordó genocidios en Filipinas, conspiraciones contra China, masacres en África, invasiones en Oriente y América Latina.

En sus respuestas a las preguntas de los invitados, incluso, desmontó estereotipos habituales acuñados por los poderosos, ¿por qué se dice que nosotros estamos en Occidente? El mundo árabe está al occidente de la India.

En el diálogo se planteó el papel de las instituciones internacionales, en especial de las Naciones Unidas. “La ONU es una estafa”, afirmó con rotundidad y detalló a muchos de los altos responsables de esa institución que, ante posiciones honestas y dignas, fueran relevados de sus puestos: “Cuando accidentalmente llega uno que dice la verdad y quiere cambiar algo, lo sacan”. Puso el ejemplo de la votación de la moción contra el bloqueo a Cuba que se debate todos los años en la Asamblea. En ella la casi totalidad de los países que integran la ONU, apoyan a Cuba en su denuncia contra el bloqueo estadounidense sin que eso tenga ningún carácter vinculante.

Fidel Castro se apasionó recordando los primeros años de la Revolución, el debate y la lucha de ideas de aquella época y los problemas que debieron enfrentar, e hizo un llamamiento a la paz global, al “mundo como sede de una familia humana”.

Y durante las cinco horas el debate se enriqueció con las intervenciones de los invitados:  el historiador Eusebio Leal que recordó el papel imprescindible de Fidel Castro en la Revolución Cubana; el presidente de la Unión de Escritores y Artistas Cubanos Miguel Barnet reivindicando un mejor conocimiento de la historia de Cuba para las nuevas generaciones; la periodista Stella Calloni que pidió un mayor acercamiento a los jóvenes; el presidente de la Casa de las Américas Roberto Fernández Retamar; el escritor venezolano Luis Britto que hizo un llamamiento a la radicalización de las políticas progresistas de los gobiernos latinoamericanos; el sociólogo belga, especialista en deuda externa Eric Toussaint; la directora del Instituto de Estudios Geopolíticos de la Universidad Autónoma de México Ana Esther Ceceña; el escritor y editor del portal Red Voltaire, Thierry Meyssan y decenas de intervenciones más.

La vitalidad y entusiasmo por el debate de Fidel Castro no disminuyó en ningún momento del diálogo. En honor a la verdad hay que reconocer que se apreció el peso de los años, durante las más de cinco horas que dirigió la discusión tuvo que descansar apenas 15 minutos. En cambio, mostró que su vista ha mejorado y ahora puede leer sin necesidad de gafas. Y sus ganas de combatir no han disminuido, su último llamamiento fue bien preciso: “¿Cuándo vamos a reunirnos para seguir discutiendo de esto?”. Y obligó a los organizadores a señalar una fecha en la agenda. Y así es como Fidel Castro contagió de vitalidad, entusiasmo y juventud al medio centenar de invitados de la Feria Internacional del Libro de La Habana.

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