Página personal del Periodista Y Escritor Pascual Serrano

Control de fronteras para los emigrantes pero no para dentífricos tóxicos


Se han incautado en España casi cien mil tubos de pasta de dientes que han entrado sin control sanitario en el país procedente de Sudáfrica, Camerún, Marruecos y Brasil y que se han distribuido en seis comunidades autónomas. A ello hay que añadir los dentífricos que contienen la sustancia tóxica dietilenglicol y que eran facilitados en hospitales, hoteles y compañías aéreas según el Ministerio de Sanidad y Consumo. Estos últimos proceden de China e incluso estaban siendo distribuidos en hospitales públicos de la Consejería de Sanidad valenciana.

El mecanismo por el que se han detectado ha sido fundamentalmente porque ciudadanos han alertado del incumplimiento del etiquetado, no por ningún control sanitario ni de entrada al país. El diario El País informaba que "centenares de artículos de alimentación e higiene se comercializan en España de manera irregular", entre ellos, "pastas de dientes, jabones, perfumes, fideos chinos, salsas o tintes para el pelo". Son alimentos y cosméticos sin papeles que se han introducido ilegalmente en el país, burlando el control aduanero. El diario afirma haber encontrado decenas de esos productos en los bazares de Madrid, en su mayoría procedentes de Tailandia, Sudáfrica, Filipinas, Líbano o China.

Una conclusión evidente es que el control de nuestras fronteras es muy diligente para la entrada de inmigrantes sin papeles pero no para contenedores enteros de dentífrico sin control sanitario. Cien mil tubos de pasta de dientes ocupan un volumen importante, pero ello no impide que vengan con normalidad de Sudáfrica o de Marruecos en camiones a través de la frontera, no consta que se haya interceptado e impedido la entrada de ninguna partida. Los productos atraviesan en grandes camiones continentes enteros, cruzan numerosas fronteras, son embarcados y desembarcados en puertos sin que su presencia irregular sea percibida. Mientras eso sucede los sistemas de control son destinados a que no vengan de esos mismos países las personas huyendo de la pobreza. Para nuestras autoridades y nuestro modelo de blindaje europeo, la toxicidad procede de los ciudadanos africanos o chinos no del dietilenglicol en los productos que consumimos.

Estamos construyendo una Europa donde los servicios de aduanas y fronteras permiten la entrada de productos manufacturados -tóxicos o no- y, por supuesto capitales, mientras se persigue a los hambrientos. Si los camiones que transportaban decenas de miles de tubos de pasta de dientes tóxica hubieran llevado media docena de subsaharianos el conductor y los inmigrantes estarían ya en prisión o en un centro de expulsión. Y es que el delito es que los hambrientos vengan a Europa, mejor que se queden en su país explotados fabricando dentífrico con dietilenglicol para nuestros hospitales.

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